Apego en la adolescencia

apego adolescencia

Para hablar del apego en la adolescencia, primero tenemos que comenzar definiendo qué es el apego. El apego es el vínculo que se genera entre un niño o una niña y su cuidador o cuidadora y que tiene como principal objetivo llevar a cabo la regulación emocional y el logro del sentimiento de seguridad y protección.

La vinculación es inherente al desarrollo del ser humano, siendo una de las necesidades básicas de las personas y que contribuye a la función filogenética de la supervivencia y la adaptación de la especie. Pero si nos centramos en el aspecto psicológico, cuando hablamos de apego, estamos hablando del mundo interior de una persona.

Relación con la figura de apego

La cuestión central y fundamental para que la seguridad del vínculo se pueda desarrollar, se encuentra en la calidad de la relación entre el niño o la niña y su figura de apego. Es decir, la sensibilidad y la disponibilidad que se tenga del cuidador o cuidadora, así como su capacidad de respuesta ante las necesidades que puedan surgir y la capacidad de regulación emocional, serán determinantes para que el vínculo pueda generarse.

El apego le sirve al menor para poder ir interiorizando y generando expectativas que permiten anticiparse a lo que ocurrirá en la interacción. Cuando el niña o el niño confía en que su figura de apego estará disponible y su respuesta será efectiva ante una situación de amenaza (la llegada de un extraño, una separación, etc.) la seguridad será mayor. En cambio, si la relación ha provocado desconfianza en el menor, éste tratará de evitar la interacción o aumentará las llamadas de atención para conseguir que sus necesidades sean resueltas o satisfechas.

El tipo de vinculación que se establece se ajusta a las características de la situación, ya que como hemos mencionado anteriormente, éste sirve para poder anticiparse a las respuestas de sus cuidadores. Por tanto, su respuesta será la estrategia más adaptativa que haya encontrado para manejarse con su contexto de su relación con su figura de apego.

Por ejemplo, si ante una situación en la que el niño o la niña demanda proximidad y contacto, su figura de apego responde sistemáticamente con un trato inadecuado, lo más adaptativo para él o ella será evitar la interacción con la figura de apego y aparentar que no la necesita. Por el contrario, una niña o un niño con un apego seguro, tratará de reclamar la atención y que su demanda quede resuelta.

Se pueden establecer distintos vínculos

Los niños pueden tener una vinculación distinta con cada progenitor. Por lo que la interacción entre una madre y una hija puede ser más segura que el vínculo que puede establecer con su padre u otro cuidador, y viceversa. De este modo cuando observamos el comportamiento del niño o niña con una cuidadora o cuidador, podremos valorar la seguridad de apego con ese cuidador o cuidadora, pero no en otras relaciones. El menor podrá tener distintas estructuras y respuestas de apego para distintas personas.

El apego a lo largo de la vida

La seguridad en la vinculación con la figura de apego, es algo que tiende a permanecer estable en el tiempo y está en funcionamiento a lo largo de toda la vida. Las niñas y los niños necesitan vincularse desde su nacimiento. Desarrollan una preferencia por los cuidadores primarios desde muy pronto, lo que suele darse y consolidarse en torno a los 7-8 meses.

Hasta los dos años, la activación del sistema de apego provoca una reacción conductual inmediata y como consecuencia se pone en marcha todo el repertorio conductual que se haya establecido con la figura de apego, buscar proximidad o evitarla.

En la medida que van adquiriendo mayor capacidad cognitiva y lingüística, el apego se ve influido. Su desarrollo evolutivo le permite al niño o la niña que empiece a tolerar mejor las separaciones con su cuidador/a y que vaya progresando en su capacidad de autorregulación emocional, que irá dejando de ser tan dependiente del adulto.

Estas nuevas capacidades le permiten anticiparse más y mejor con la figura de apego. A partir de los tres años, las conductas de apego van perdiendo sensibilidad, de forma que la expresión conductual va dejando de ser tan explícita a media que va creciendo.

Cómo funciona el apego

Las conductas de apego son las representaciones mentales sobre los demás, sobre uno mismo y sobre las relaciones interpersonales que se van generando en función de las experiencias de vinculación vividas.

Estos modelos se van automatizando y funcionan de forma inconsciente, generando una serie de expectativas y patrones de relación que permiten al menor manejarse en las situaciones sociales y crear así una imagen sobre el mundo como un lugar en el que se puede o no confiar. De forma que va a ir dejando de estar tan ligado a personas específicas, para ir adquiriendo un carácter cada vez más global.

Los modelos internos tienden a ser estables en el tiempo, pero seguirán enriqueciéndose con las nuevas experiencias. El apego tiene la capacidad de ir actualizándose para adaptarse a las nuevas demandas de su entorno y poder desarrollar conductas más funcionales o adaptativas para el menor.

El apego en la adolescencia

En la adolescencia, periodo que abarca entre los 12 y 18 años, la parentalidad segura establece el desarrollo del menor y sienta las bases para que promueva de manera armónica las relaciones consigo mismo y con los demás.

Es común que aparezcan diferencias individuales entre los adolescentes en cuanto a cómo conciben la forma de ver el apoyo, la disponibilidad parental y la autoridad. Distanciarse emocionalmente para volver a los padres es sencillo cuando el apego principal es seguro.

  • Adolescentes con apego seguro

Son limitados por sus familiares en situaciones importantes, suelen tener discusiones con los padres, en las que ambas partes participan y frecuentemente llegan a consensos. Asimismo, saben que la autoridad y las discusiones con sus padres no impiden que sigan creciendo acogidos por ellos, sin abandono y con incondicionalidad. También, contradicen y critican a sus padres, se rebelan, pero buscan los límites, la orientación y el apoyo en situaciones complejas de sus vidas. Saben que encontrarán su respeto, compresión y consejo si de verdad lo necesitan y solicitan.

  • Adolescentes con apego inseguro

La búsqueda de autonomía se puede interpretar como una amenaza a la autoridad paterna o materna, haciendo que las relaciones emocionales sean mucho más complejas. Los adolescentes evitativos, ante discusiones con sus padres terminan por escoger una estrategia de retirada. La poca implicación afectiva con la figura de apego tampoco ayuda a que se propicie la negociación en una disputa. Esto lleva en muchas ocasiones a que opten por el rechazo y por cortar la relación con sus padres. Los adolescentes preocupados-ambivalentes frecuentemente, participan en discusiones intensas, pero muy poco productivas, que terminan con la disminución de su autonomía y una sensación de falta de comprensión.

De modo que el vínculo que se generó en la infancia influye posteriormente en la relación con los padres. Pero también las relaciones con los padres durante la adolescencia provocan cambios en los modelos de apego establecidos en la infancia.

Conclusión

En consecuencia, podemos afirmar que existe la necesidad de combinar la disponibilidad y el apoyo parental con la autoridad para que el apego seguro pueda desarrollarse adecuadamente en la adolescencia. La interferencia parental, la violencia y las peleas familiares complican el desarrollo del apego seguro y llevan hacia el apego inseguro.

El fortalecimiento del vínculo puede reducir el riesgo de que el menor presente dificultades futuras como el desarrollo de conductas de agresividad, oposicionistas, desafiantes, problemas de alimentación, problemas de ansiedad, etc. La tarea de los padres reside en la formación de un vínculo sano donde esté presente la disponibilidad para detectar el estado y las necesidades de sus hijos/as, así como responder y sintonizar con sus emociones.

 

Diana Synelnyk

Psicóloga General Sanitaria

 

Bibliografía: Evaluación del apego-attachment y los vínculos familiares. Félix Loizaga 

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp
También te recomendamos leer:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Desde PsyBilbo podemos y queremos ayudarte

Contacta ahora sin compromiso