Todo comienza con una primera consulta inicial donde se expone el motivo por el que se acude a la terapia. El psicólogo o psicóloga, recogerá la mayor información posible para poder:
- Definir, clarificar y delimitar el motivos de la demanda.
- Explorar las condiciones históricas, biológicas, sociales y ambientales en las que aparece la conducta-problema y que pueden ser relevantes.
Esto se realiza para que el evaluado pueda lograr obtener una descripción del motivo de consulta lo más ajustada posible. El método que utilizamos en nuestra consulta de Psicología de PsyBilbo para ello es la entrevista.
Tras esto, se pasa a la denominada evaluación o entrevista clínica. Esta fase suele constar de unas tres o cuatro sesiones (variando en función de cada persona) donde se procese a la recogida de información de todas las áreas vitales de una forma más exhaustiva. Una vez llevadas a cabo, se realiza una devolución al paciente donde se explica la posible personalidad que tiene, los aspectos disfuncionales que se han ido captando, su origen y formación, así como se establecen unos objetivos terapéuticos a tratar.
La siguiente fase es la terapia en sí. En ella se entrará de lleno en los objetivos planteados en la fase anterior. Las herramientas que se utilizan para ir cumpliendo los objetivos propuestos van desde una buena base psicoeducativa en la problemática existente, hasta técnicas específicas que poco a poco vayan reestructurando aquellas cogniciones disfuncionales. Todo ello, acompañado de un trabajo que la persona hará voluntariamente fuera de la sesión, es decir, implementando lo que vaya aprendiendo en la terapia, así como lectura de libros o textos recomendados, etc. Con esto último recalcar que la terapia es un proceso que requiere de continuidad que necesita tiempo fuera y dentro de las sesiones para alcanzar los objetivos establecidos.
Una vez que se cumplen los objetivos propuestos y que se va gozando de un mayor equilibrio psicológico-emocional, se pasa al llamado seguimiento. Será el psicólogo el que decida entrar en esta fase, aunque siempre se tendrá en cuenta la opinión del paciente. Aquí se espacian las sesiones y se va chequeando qué tal van aquellas áreas de vida que más problemas le causaban anteriormente. Si volviese a haber una recaída importante en aquello que afligía al paciente, se volverá de nuevo a la fase anterior.
En la última fase de la terapia nos encontramos con el alta. Es aquí donde paciente y terapeuta van poniendo poco a poco fin al vínculo que les ha unido durante el tiempo del proceso terapéutico, y con ello, se concluye esta etapa.