Cómo detectar a las personas tóxicas

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Las personas tóxicas son aquellas que nos encontramos en nuestro día a día que pueden ser bien nuestros amigos, nuestros vecinos o incluso nuestros jefes. Y se caracterizan por ser autoritarios, envidiosos, nos echan siempre la culpa de todo, son irascibles o mentirosos. Todos ellos, nos producen un gran malestar, pero ¿cómo podemos protegernos de ellos? Lo veremos a continuación.

¿Cómo distinguir una relación “sana” de una relación “tóxica”?

Las relaciones “sanas” son las que nos aportan bienestar y calidad de vida. Así como, fortalecen nuestra autoestima, como tratamos en el artículo de la semana pasada. Lo contrario sucede con las relaciones “tóxicas”. Éstas son fuente de infelicidad y nos desgastan tanto física como emocionalmente.

Cuando pasamos tiempo con una persona “tóxica” podemos sentirnos “cansados” o “desgastados”. Por ello, es importante reconocerlas y poner límites para que estas sensaciones que nos puedan causar no nos afecten.

Bien es cierto, que hay algunas relaciones que no podemos escoger como la familia, pero si que podemos decidir el modo en que nos relacionamos con ellos, es decir, cuánto contacto o qué tipo de relación queremos tener con esa persona.

Tipos de personas “tóxicas”

  1. El sociopsicópata: esta es la variante más peligrosa, y es que de las personas tóxicas, son las personas que más daño pueden hacer llegando incluso a amenazar la vida sus víctimas. Se caracterizan por no asumir ninguna responsabilidad y nunca se disculpan. Se aprovechan de los demás utilizando estrategias como “el encanto, el engaño o la violencia”. En un primer contacto, todo “irá sobre ruedas” ya que el sociópata sabe lo que quieres oír y conoce perfectamente las reglas sociales.
  1. El quejica victimista: se caracteriza por ser una persona extremadamente negativa. Si hay una situación positiva, siempre verá el lado negativo. Son personas que siempre se quejan de que las cosas les van mal y se preguntan por qué les van mal, pero no consiguen saber el motivo. Consideran el mundo como un sitio terrible en el que solo se experimentan cosas horribles y se fracasa constantemente.
  1. El agresivo verbal: son personas que suelen producir un enorme desgaste emocional. Además, se caracterizan por ser ofensivos y muy intimidantes, su objetivo es hacer sentir a su víctima débil, incapaz e inseguro. Su propósito es que los demás le vean como un líder o una autoridad. Ejerce su autoridad a base de gritos y malos tratos. Este tipo de personas, siempre tendrán un motivo para enzarzarse en una discusión. Hacen la vida imposible a todo cuanto rodean, y por ello, terminan solos.
  1. El mediocre: este tipo de personas se conforman con una vida monótona y baja en estímulos. Su mayor preocupación puede ser llegar a fin de mes. Su manera de “contaminar” a los demás es hacer ver la vida desde su perspectiva: te levantarás de malhumor, irás a tu trabajo cansado, pensarás que no tienes suerte, llegarás a casa y te tirarás en el sofá a ver la tele; y no tendrás sueños ni metas que alcanzar. Así, es como “contaminan” o “contagian” los mediocres.
  1. El arrogante presuntuoso: aquí encontramos al soberbio, vanidoso, pedante, autosuficiente y confiado en todo lo que hace y dice. Cree que es perfecto y cuando se rodea de otras personas, compite por serlo. Trata de captar la atención de los demás constantemente, incluso, es capaz de memorizar frases célebres con el fin de decirlas en momentos cruciales que quede constancia de su “inteligencia” y así deslumbrar a su interlocutor.
  1. El jefe autoritario: un jefe tiene legítima autoridad sobre un subordinado, pero siempre y cuando se refiera a él con respeto y dignidad, cosa que no ocurre con un jefe autoritario. Estas personas tóxicas, se definen por sacar ventaja de su posición e imponer su voluntad sin que pueda ser cuestionada. Además, tienen la plena certeza de que han llegado al mando por sus dotes innatas de mando y e inteligencia privilegiada. La mayoría de ellos, muestran su mejor cara hasta hasta que llegan al cargo deseado, es ahí cuando se descubren y se transforman en déspotas.
  1. El chismoso metomentodo: este tipo de persona, es la que podría decir en su trabajo “dicen que el jefe está liado con la recepcionista”. Les encanta crear malestar y propagar rumores. Suelen empezar sus frases con “te lo digo yo que es de buena fuente”, antes de lanzar su dardo envenenado. Sentirse escuchado y ser el centro de atención es su forma de ganar prestigio. Sabe que para tener audiencia la información debe ser impactante, por ello no tiene escrúpulos a la hora de lanzar sus rumores.
  1. El descalificador: aquí encontramos a las personas que disfrutan despreciando, manipulando y desestabilizando a sus víctimas. Su objetivo, es que su víctima sea dependiente de sus opiniones y que viva inseguro. Finge que es su amigo y así le analiza. Pero esto lo hace para después poder desvalorizarlo ante los demás y quedar por encima.
  1. El envidioso: pasa el tiempo deseando lo que los demás tienen. En su versión más enfermiza, desea la destrucción absoluta de la persona que envidia y tratará de acabar con él/ella por todos los medios. Cree que tiene la legitimidad que le otorga su odio para poder así destruir lo que los demás han conseguido. Invierten su energía en pensar cómo pueden destruir a los demás y sufren por no tener todo lo que los demás tienen. La crítica o los rumores aumentan sus emociones negativas y aumenta su envidia.
  1. El neurótico: este tipo de personas siempre se ponen objetivos que no pueden cumplir ya que sus sentimientos de desvalorización les bloquean. Se caracterizan por experimentan sentimientos de gran soledad que intentan suplir con una buena posición social. También, son personas fantasiosas y autosuficientes que nunca quieren escuchar los consejos de los demás y no soportan que alguien pueda saber más que ellos.
  1. El orgulloso: soberbio, vanidoso, arrogante o pedante podrían ser algunos de los adjetivos que lo definirían. Este tipo de personas se caracterizan por tener un exceso de confianza en sí mismos, en lo que hacen, dicen y así como en las decisiones que toman. Todo lo que hacen siempre tiene una explicación y por supuesto está “bien hecho”.
  1. El manipulador: ¿alguna vez te has sentido obligado a dar información sobre asuntos privados a quien no tenías la intención de contarle nada? Entonces has sido víctima de un manipulador. Ellos engañan y lo hacen con algún propósito. Normalmente, estudian a las personas en busca de su debilidad. Su objetivo es la gente dependiente, crédula.

 

¿Crees que tienes un amigo “tóxico”?

La clave para saber si nuestro amigo es “tóxico” son los amigos que dicen ser nuestros amigos pero sus acciones son duelen, ya que sus conductas no son propias de una amistad. Las características más frecuentes son las siguientes:

  • Esconden o camuflan sus sentimientos de egoísmo.
  • Pasan horas hablando de sus problemas, cosa que no sucede cuando el que necesita hablar eres tú. Su frase puede ser “estoy muy liado”, “me pillas en un mal momento, te llamo luego”.
  • Normalmente rompen sus promesas con excusas absurdas como “¡no te vas a creer lo que me ha pasado!”
  • Tienen la necesidad de estar por delante de ti. Si le cuentas que fuiste a cenar a un sitio estupendo, te dirá que fue a un restaurante mucho mejor.
  • No saben guardar secretos.
  • Son manipuladores, de manera acabas creyendo que si lo alejas de tu círculo de amistades podría dañar tu imagen.
  • Le gusta ser el protagonista de todas las conversaciones.

Este tipo de amistades suelen traer negatividad, por lo que es aconsejable romper con ellas y mantener o iniciar nuevas amistades que nos proporciones bienestar y tranquilidad en nuestra vida.

 

¿Cómo evitar a las personas tóxicas?

Las personas “tóxicas” influyen a nuestro bienestar emocional, social, laboral o personal y es por ello, por lo que es de suma importancia poder identificar estas compañías nocivas.

  • Podemos controlar a estas personas quitándoles poder. En la medida de lo posible, intentar pasar menos tiempo con ellos o no permitiéndoles acceso a nuestra amistad o a nuestra intimidad.
  • Si por razones mayores debemos convivir con ellos, bien sea en el hogar o en el trabajo, intentaremos abstraernos mentalmente de su presencia y acciones. Rescatamos un dicho del refranero español “No hay mayor desprecio que no hacer aprecio”.
  • De mismo modo si surge un comentario o comportamiento “tóxico”, simular que no le prestamos atención y tratamos de hacerlo.
  • A la persona “tóxica” se le neutraliza con amabilidad.
  • Intentar focalizar nuestra atención en las cosas positivas que tenemos en nuestra vida cuando estamos con la persona “tóxica”.
  • Si una persona “tóxica” forma parte de tu trabajo, establece de antemano las reglas de convivencia y unos límites.
  • Si la persona “tóxica” no es alertada de su “toxicidad” puede propagarla por todo el ambiente. Por tanto, no dejes pasar por alto sus actitudes y conversa con él/ella cuanto antes.
  • Haz autocrítica sobre tus actitudes y comportamientos, en ocasiones nosotros también podemos comportarnos de una forma “tóxica” con los demás. Esto te puede servir: no les hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran.

 

A modo de conclusión, podemos decir que las personas “tóxicas” generan un gran malestar en nuestras vidas en distintas áreas. Es por ello, por lo que como indicábamos en este artículo es vital poder identificarlas para bien establecer límites o bien cortar las relaciones con ellas, ya que a la larga las consecuencias tanto físicas como mentales generarán un gran desgaste psicológico en las personas que padecen dichas relaciones.

Diana Synelnyk Synelnyk

Psicóloga experta en Terapia Cognitiva-Conductual

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